Caputo admitió que Lavagna renunció porque el gobierno decidió postergar la nueva metodología del índice de inflación

El ministro de Economía, Luis Caputo, confirmó lo que hasta ayer era un secreto a voces: la renuncia de Marco Lavagna al frente del INDEC se produjo por diferencias con el Gobierno acerca del momento de aplicar la nueva metodología para medir la inflación. Caputo explicó que Lavagna quería implementar el nuevo índice de inmediato, mientras que el Ejecutivo decidió postergarlo hasta que el proceso de desinflación esté “totalmente consolidado”, sin una fecha definida.

Según el ministro, el temor oficial es que si la inflación continúa bajando y se da a conocer con un nuevo índice, la oposición pueda argumentar que esa baja fue resultado de la modificación metodológica y no de las políticas económicas implementadas. Esta postura abre un interrogante clave: ¿se prioriza un cálculo estadístico actualizado o la narrativa política de la gestión económica?

Qué cambiaría la nueva medición del IPC

La actualización metodológica del Índice de Precios al Consumidor —que ya estaba lista para entrar en vigencia con los datos de enero de 2026— implicaba cambios significativos en la forma en que se mide la inflación en Argentina:

  • Actualización de la canasta: El INDEC reemplazaría la base histórica del IPC, que databa de una encuesta de gastos de 2004/2005, por la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares (ENGHo) 2017/18, más ajustada a los patrones de consumo actuales.
  • Redistribución de rubros:
    • Vivienda, electricidad, gas y otros tenía previsto aumentar su peso del 9,4 % al 14,5 % en la canasta.
    • Transporte pasaría del 11 % al 14,3 %.
    • Comunicaciones (incluye telefonía e internet) se duplicaba del 2,8 % al 5,1 %.
    • En cambio, Alimentos y bebidas no alcohólicas, tradicionalmente el rubro de mayor incidencia, se reducía del 26,9 % al 22,7 %.
  • Más bienes y precios relevados: El universo pasó de unos 320.000 precios a cerca de 500.000, con un aumento proporcional del número de locales y servicios donde se recolectan datos.

Impacto esperado de la nueva metodología

Los técnicos explicaban que estos cambios no modificarían la tendencia de la inflación, pero sí su estructura estadística y cómo se interpreta. Por ejemplo:

  • Más peso de servicios, vivienda y transporte podría reflejar mejor cómo gastan las familias hoy, en un contexto donde los costos asociados a la vida urbana (tarifas, combustibles, alquileres) pesan cada vez más.
  • Distintas estimaciones sugerían que, de haberse aplicado la nueva medición a 2025, la inflación anual habría sido ligeramente mayor (por ejemplo, 32,2 % frente al 31,5 % informado con el método anterior), y la acumulada desde la asunción del gobierno rondaría el 270 % en lugar del 259 % que se conocía hasta ahora.

Estas variaciones ilustran cómo el cambio de ponderadores puede alterar la percepción de la dinámica inflacionaria sin que necesariamente los precios reales hayan variado de manera diferente.

Una decisión con consecuencias

Al postergar la implementación, el Gobierno busca consolidar la narrativa de desinflación sin que un cambio estadístico complique ese relato. Sin embargo, la decisión también tiene un costo: retrasa la modernización de uno de los indicadores más importantes de la economía argentina y mantiene vigente un índice que lleva más de dos décadas sin una actualización integral.

En última instancia, la salida de Lavagna y la postergación del nuevo IPC muestran que el cálculo técnico de la inflación no está exento de consideraciones políticas.

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