Antes de que los diablos bajen del cerro y el carnaval estalle en comparsas y desentierros, Jujuy celebra uno de sus rituales más queridos y auténticos: el Jueves de Comadres. Desde temprano, mujeres de todas las edades ocupan plazas, mercados, patios y calles para honrar una tradición que no es solo fiesta, sino también identidad, afecto y memoria colectiva.
El aire se impregna del aroma inconfundible de la albahaca fresca, símbolo indiscutido de la jornada. Muchas la llevan en la oreja, como marca ritual que distingue y reúne. El talco y las serpentinas aparecen sin pedir permiso: cubren rostros y risas, borran diferencias y sellan la complicidad que define a las comadres.
Pero ¿qué es una comadre? En su origen más profundo, la comadre es la madrina del hijo o hija de otra mujer. A partir de ese vínculo espiritual y familiar, ambas se convierten en comadres, un lazo que trasciende lo formal y se transforma en hermandad elegida. Con el paso del tiempo, la tradición amplía el sentido del término y hoy también representa un pacto de amistad y acompañamiento que se celebra cada año.
En distintos puntos de la provincia, las reuniones se multiplican. Se forman ruedas de coplas, suenan las cajas y las voces se cruzan con versos pícaros, cargados de humor y picardía. Cada copla refuerza el lazo, celebra la amistad y anuncia que el carnaval ya está en marcha.
El Mercado Central “6 de Agosto” se transforma en uno de los epicentros de la celebración. Entre puestos, música y baile, las comadres comparten platos típicos —picante de pollo, empanadas, humitas, tamales— mientras artistas locales, copleras y grupos de danzas mantienen el pulso festivo durante toda la jornada. El mercado late al ritmo del carnaval.
En Villa Jardín de Reyes y otros barrios y localidades del interior, la celebración adopta un tono más comunitario. Emprendedoras locales ofrecen comidas regionales, la música acompaña desde el mediodía y la fiesta se extiende sin apuro, como manda la tradición.
Uno de los momentos más significativos es el bautismo de las nuevas comadres. Aquellas mujeres que durante el último año se convierten en madrinas —y, por lo tanto, en comadres— reciben este jueves un ritual simbólico: entre talco, coplas y risas, son “presentadas” formalmente al grupo y bendecidas con albahaca, como señal de bienvenida a la hermandad carnavalera.
Más allá del color y la alegría, el Jueves de Comadres tiene un sentido profundo. Para muchas mujeres, es un día de reencuentro, de recuerdos compartidos y de reafirmación del rol de la comadre: esa hermana elegida, sostén en los momentos importantes de la vida.
Con albahaca en la oreja, coplas al viento y talco en el rostro, Jujuy vive una jornada que marca el verdadero inicio del carnaval. El Jueves de Comadres no es solo una celebración: es una expresión viva de la cultura jujeña, que se renueva año tras año y sigue pintando de identidad cada rincón de la provincia.
